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Todo sobre el Cinsault

Originaria del sur de Francia, específicamente de la zona de Languedoc, esta variedad de uva de tinta destaca por sus pieles delgadas y una gran versatilidad. Por un lado, es perfecta para producir vinos tintos frescos, frutosos y fáciles de beber. Y por otro, es ideal para elaborar vinos rosados. 

 

Por su baja concentración de taninos, el Cinsault entrega vinos de color relativamente pálido, aunque con vibrantes notas a fruta roja madura. En nariz es de gran carácter aromático, con notas a especias y flores, mientras que en boca ofrece una buena cuota de acidez. Por estas razones, encontrar un vino monovarietal de Cinsault todavía es algo inusual.

 

 

En el caso de los vinos tintos franceses, por ejemplo, el Cinsault suele añadirse a las famosas mezclas de Garnacha, Syrah y Mouvèdre (GSM) de la zona sur del Ródano, ayudando a suavizar el vino y aportando frutosidad, acidez y un distintivo aroma a frutillas. Mientras que en la zona de Provence, se usa para hacer algunos de los rosé más apetecidos del mundo, aunque con otro perfil aromático: notas a durazno, papaya, rosas y frambuesas son algunos de ellos. 

 

En el caso de Chile, la historia de esta variedad es algo reciente pero lo suficientemente madura como para hablar de parras viejas. El Cinsault llegó hace 70 años junto con el Carignan, al secano costero del Valle de Itata, para ser mezclada con la variedad País que ya había sido introducida en Chile. Es en Itata, en las zonas de Coelemu y Guarilihue, donde hoy se concentran más del 90% de las plantaciones y donde al Cinsault le llaman “Cargadora” por su capacidad de producir muchos racimos. Una región vitícola de gran tradición vinífera que cuenta con su propia Denominación de Origen (D.O Itata), y que hoy que se alza como una zona productora de refrescantes monovarietales, espumosos y rosados de Cinsault. Uno de ellos es Marques de Casa Concha Cinsault Rosé 2020, hecho con un 90% de Cinsault y un 10% de Garnacha de la zona de Trehuaco, a 18 kilómetros de la costa en el Valle de Itata. Un vino que se caracteriza por su elegante color damasco pálido al estilo de los vinos de Provence, con notas a melón rosado y granada en nariz, mientras que en boca es seco, untuoso, graso y mineral. 

 

 

Incluso en los climas más cálidos, el Cinsault es capaz de mantener sus niveles de azúcar bajo y retener su acidez, lo que permite hacer vinos bajos en alcohol y muy refrescantes. Aunque cuando proviene de climas costeros como esta zona de Itata, los vinos también obtienen un frescor que es ideal para disfrutar junto a mariscos, ensaladas o platos tradicionales chilenos como una empanada de Pino.

 

 

Este próximo 11 de junio en que se celebra el Día del Rosé, te invitamos a alzar una copa de Marques de Casa Concha Cinsault Rosé, y brindar por esta variedad insigne entre los vinos tintos ligeros y rosados.

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