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La influencia del suelo en el vino

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Marques de Casa Concha

Uno de los factores más importantes y básicos para la producción de vinos es contar con suelos de buena calidad. Y si en tu cabeza ya está rondando la palabra terroir, partiremos aclarando que no es lo mismo que hablar de suelo. La definición de terroir es “la mezcla del suelo, el clima y el hombre”, mientras que el suelo per se es sólo uno de los factores que conforman el terroir.

 

Dicho esto, entendamos que el suelo es el lugar físico donde las parras echan raíces que pueden alcanzar hasta tres metros de profundidad, como también el que las provee de agua y nutrientes para su crecimiento. Sin embargo, los suelos de buena calidad deben contar con algunos parámetros esenciales como, por ejemplo, ser pobres (es decir, sin exceso de materia orgánica), con drenaje (sin drenaje no hay aire y sin aire no hay vida), porosidad y una estructura homogénea porque de lo contrario, el agua no drena y las raíces se doblan.

 

Según el libro The Oxford Companion to Wine de Jancis Robinson, suelo es “el material mineral en la superficie de la tierra formado por la erosión del lecho rocoso subyacente o por sedimentos transportados que forman el material original del suelo”. De manera que la composición del suelo (sumado a factores como su inclinación y el clima) sería un factor influyente en el vino final, entregando diferentes tipicidades a una misma variedad de uva.

 

De acuerdo a su composición, los suelos pueden ser clasificados y jerarquizados dentro del viñedo. A continuación, te explicamos algunos de los tipos de suelos más comunes según su naturaleza y tipo de roca, y cómo estos influyen en el vino final.

 

  • Arcilla

Los suelos arcillosos están formados por los elementos más finos y se caracterizan por retener muy bien la materia orgánica y el agua, lo cual es beneficioso para el desarrollo de la fruta. También son suelos más fríos que retrasan la maduración de la uva, lo que se traduce en vinos frutosos de aromas intensos, concentrados, a veces dulces, estructurados, con bastante volumen y notable presencia de taninos. De un origen limo-arcilloso en el Valle del Maipo, por ejemplo, proviene Marques de Casa Concha Syrah, muy maduro y denso, de sabores firmes a mora y cerezas.

 

 

  • Arena

Se caracterizan por su buen drenaje de agua, reteniendo poca humedad, aunque necesitan poca agua también. La maduración de la uva es rápida, por eso los vinos son aromáticos, suaves, de taninos leves y baja graduación alcohólica. Una mezcla de arcilla y arena, por ejemplo, es la base del suelo de Marques de Casa Concha Rosé Cinsault. Un vino de color damasco pálido, con notas frescas, delicadas y con sólo 12.5% de alcohol.

 

 

  • Pizarra

Estos suelos poseen una gran permeabilidad de agua y buena retención del calor del sol que es especialmente beneficiosa para vinos de climas fríos, por ejemplo. Como son pobres en materia orgánica las uvas maduran prolongadamente, lo cual se traduce en vinos muy maduros, tánicos, de mayor graduación alcohólica, estructurados y con notas minerales.

 

  • Granito

Estos suelos que abundan en Chile facilitan una maduración ligera de la uva. Los vinos resultan más austeros, limpios, con carácter aromático y suave mineralidad. En el caso de Marques de Casa Concha Malbec, sus suelos de origen coluvial, granítico-arcilloso, influyen en este vino de taninos firmes y suaves, frutoso, denso, vibrante y con un delicado toque mineral.

 

  • Calcáreo

Los suelos con alta concentración de carbonato de calcio entregan pocos nutrientes, pero tienen una gran capacidad de retención de agua. Los vinos de estos suelos expresan fielmente la tipicidad de la uva, ofreciendo vinos finos más pálidos, muy aromáticos, de gran acidez y cuerpo, alcohólicos, complejos e ideales para la guarda. Del Valle del Limarí, que se caracteriza por este tipo de suelos, provienen Marques Casa Concha Pinot Noir y Marques de Casa Concha Chardonnay.

 

  • Volcánico

Generalmente son muy porosos y retienen muy bien el calor del sol, lo que le permite al viñedo aprovechar todo lo que el suelo ofrece, ayudando a buen desarrollo de las pieles de la uva. Los vinos resultan potentes, minerales y, a veces, con notas ahumadas.

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